Durante el año 2020, frente a la experiencia de la pandemia de COVID-19 que impacto a todo el planeta tierra, se tomaron decisiones en todo el mundo concerniente al cierre de colegios, instituciones, universidades a nivel Mundial (Alzamora et al, 2020, Correa et al., 2021), Además, de vivir un escenario de confusión e incertidumbre en los sistemas educativos, pues las prácticas de formación eductivas debieron de cambiar abruptamente hacia una lógica no presencial, sin precedentes (Guzmán et al., 2021). Pero ya países alrededor del mundo, están regresado a clases de manera gradual y reportan diversas experiencias academicas de aprendizajes.

Hay que comentar, que organizaciones globales como el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Banco
Mundial (BM) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) han desarrollado diversas estrategias de reapertura de escuelas y universidades las cuales presenta una serie de recomendaciones sanitarias, que van desde horarios escalonados de ingreso, el diseño de espacios en el aula, la limitación de visitas y el aseguramiento de la disponibilidad de lavamanos; hasta la flexibilidad de asistencia a clases por enfermedad y el diseño de protocolos para estudiantes que se sientan mal durante el periodo de clases (Avendaño et al., 2021).

Pero tambien hay que
preguntarnos porque de la
importancia de ir volviendo a
dictar clases de manera
presencial a pesar de que las
tecnologías de la
información y la
comunicación (TIC) ya
estaban disponibles en la
educación superior hace años,
y estas se habían utilizado de
manera complementaria y
parcial, es decir, como apoyo
instrumental a la tarea
presencial (Arancibia et al.,
2020).

Hay que resaltar que las clases presenciales son fundamentales en este momento de la vida de muchos estudiantes, que han pasado muchísimo tiempo en su hogar teniendo clases remotas via diversas Plataforma tecnológicas con ayuda de los profesores, y que regresar les permitirá ver a sus otros compañeros de estudio y poder interactuar con ellos y responder al contexto social. Además las clases presenciales no sólo tienen un fin respecto a entregar una adecuada enseñanza para el logro de los aprendizajes, sino que también permiten el desarrollo socioemocional y abordar las necesidades psico socioeducativas de los estudiantes, y también las clases presenciales permiten que los docentes compartan una adecuada enseñanza, que tenga retroalimentación inmediata a los estudiantes y se logren el
aprendizaje. Adicionalmente, los estudiantes podrán formarse y fortalecer las habilidades sociales, físicas y cognitive y aportar herramientas para la solución de conflictos, la socialización y la disminución de desigualdades sociales que es lo que muchas organizaciones desean que los futuros gestores tengan dichas competencias para poder seguir agregando valor y convertirse en agentes de cambio en las empresas.